Por una democracia inmediata: el caso de Suiza
“Simplemente por que no te interese la política, ello no quiere decir que la política no se interese en tí” Pericles
En mis frequentes viajes a Suiza, los mismos que me han tenido apartado del blog, he podido saborear en los últimos meses algunos de sus más logrados productos: el suculento chocolate, el queso más cremoso, unos elevados estándares de vida y una democracia popular mucho más viva y responsable que la de la mayoría de los países que copan las horas de nuestros informativos.
Y es que Suiza nunca es noticia, ¿no pasa nada? En la nación situada a mayor altitud media de toda Europa, en un enclave geográfico de tremenda dificultad, donde las infraestructuras tienen una complejidad tremenda, existe un país del que poco sabemos aparte de haber oido la acusación de ‘paraíso fiscal’. Un país donde efectivamente millonarios, entre ellos algún banquero patrio, residen, al menos, en sentido pecuniaro del asunto. En efecto, en un país con cuatro lenguas oficiales se esconde uno de los sistemas democráticos más vivos e inmediatos que conozco.
Las palabras que inspiran a la nación, frente al ‘Plus Ultra’ castizo, son las del D’Artagnan de los dibujos animados: ‘Uno para todos y todos para uno’. Y es que si en algo sobresale el país con el salario medio más alto de Europa y la tasa más baja de desempleo es en una representación directa del pueblo en sus decisiones. ¿Será esta parte de la fórmula de su éxito? ¿Será nuestra forma de practicar la democracia una forma rancia de participación orquestada por un sistema de partidos monolíticos sin capacidad de representar una sociedad cada vez más diversa y rica? Esta cuestión cabe aún más en el contexto del impacto de las nuevas tecnologías en la sociedad y la facilidad con la que el derecho humano a internet, tal como se declarase receintemente Naciones Unidas, no puede facilitar unas formas de transparencia en la administración (como ejemplo, un botón, el movimiento opendata), auténticamente colaborativa y no sólo representativa: una democracia inmediata.
Pues bien, dejadme que os cuente acerca del panorama que me presentó mi amigo el fin de semana pasado mientras viajábamos por los Alpes con dirección al norte de Italia. Como veréis no he contrastado la historia con datos ya que mi intención es dibujar un modelo de democracia posible más que mostrar la realidad tal cual es, siempre el verbo ser se me escapa… Aún así dejo la entrada de la Wikipedia sobre Suiza para los lectores más avezados.
Estos son los aspectos que querría destacar en este retrato incompleto, fragmentario, que agradecería contrastar en los comentarios, pero que, en cualquier caso, levanta alguna ampolla en los que creemos en una transformación de la democracia y rechazamos lo inamovible de un sistema político enrocado en los partidos políticos como única forma de representación.
1.- En Suiza, sí oís bien, los políticos no son profesionales. Son gente corriente con una ocupación laboral fija (a diferencia del 20% de desempleo del que goza España, en Suiza no se alcanza el 2%), que durante seis semanas al año se reúnen en Parlamento para articular las leyes elegidas por el electorado.
2.- Las leyes las decide en su totalidad el electorado. Esto quiere decir que pese a la existencia de un gobierno, -el llamado Consejo de los Siete, compuesto por siete personas electas cada cuatro años-, las normas proceden tanto del gobierno como de las iniciativas populares y son elegidas en su totalidad por el electorado.
3.- Las iniciativas populares se pueden presentar con la entrega de 100.000 firmas y han de ser llevadas en todo caso a votación popular en uno de los tres comicios anuales. Al ser la decisión simplemente binaria se pueden presentar diversas propuestas para el mismo tema, cada una con una medida y alcance diferente, evitando así opciones que no representan exacatamente la voluntad del electorado. En la democracia en Suiza casi todas las propuestas de ley son rechazadas, pocas son las que llegan a adoptarse. ¿Quizás sea esta la piedra de toque de este modelo? ¿Quizás lo que le otorga estabilidad?
4.- Los comicios anuales presentan propuestas que admiten como respuesta sí o no y pueden contener hasta 10 preguntas acerca de las leyes que se deben acometer durante los períodos de cuatro meses por el Parlamento y el Consejo de los Siete. Los ciudadanos suizos después de la Segunda Guerra Mundial habrían aceptado más de un 80% de las propuestas populares presentadas por un escuálido y un tanto ridículo 20% de las presentadas por el Consejo de los Siete, su “gobierno”. Desde luego hace gracia pensar lo que ocurre en ‘nuestras democracias’ occidentales donde los partidos políticos son la única forma de representación política efectiva.
5.- Esto nos lleva a ver cómo el modo de votación tanto del Consejo de Siete como del Parlamento es totalmente abierto. No sólo no existen listas cerradas sino que en cada papeleta se puede elegir a cualquiera de los representates independientemente de su afilicación; incluso existe espacio para poder garbatear el nombre del candidato que elijan para administrar las decisiones del electorado, no gobernar. De hecho, los miembros del Consejo de Siete suelen provenir de organizaciones y administraciones donde han demostrado su capacidad y es la gente con la que ha tratado la que muestra su confianza en el candidato y comienza a formar su ‘comité electoral’. Un sistema basado en individuos excepcionales aupados por las comunidades en las que muestran su valía y que sin embargo será un mero administrador de la cosa común no un representante.
6.- La autonomía regional es amplísima. Los cantones, donde cuatro idiomas oficiales conviven con una tranquilidad envidiable a diferencia de otros casos de cohabitación lingüística como el de Bélgica o el estado de las autonomías español mismo, tienen libertad incluso para decidir en política fiscal. Son los cantones los que imponen diferentes impuestos directos que han de ser votados por el pueblo y una parte de los cuales, según decida el electorado, irán a la administración central.
7.- Impuestos. ¿Será por eso que los impuestos en Suiza son del orden de las 3 a 4 veces inferiores, dependiendo del cantón en el que se vive, a los de España?¿Y será por ello que las mayores fortunas confían su patrimonio a los bancos suizos, el país más estable en los últimos 800 años de la historia de Europa?
8.- Grandes Fortunas. Efectivamente es de todos conocidos los millonarios con residencia y capital en Suiza. Sus atractivos: los bajos tipos impositivos y la solvencia que ofrece el país neutral por antonomasia y, no obstante, con una des las infraestructuras miltares más descentralizadas y potentes teniendo en cuenta su reducida población.
9.- Seguridad y estabilidad. Como ejemplo, todos los ciudadanos al realizar el servicio militar reciben una semiautomática capaz de disparar unas 200 balas al minuto. Si bien éste me parece uno de los signos de la paranoia suiza con el temor de ser invadidos, lo cierto es que la tasa de muertos por armas de fuego es muy bajo en comparación con otros países con medidas similares.
10.- Defensa. Cualquier casa de nueva construcción en Suiza ha de incluir un sótano contra posibles ataques nucleares. Según contaba mi amigo suizo, durante la guerra, todos los puentes que de formas sinuosa recorren los Alpes fueron cargados con dinamita, una dinamita que nunca fue retirada. De hecho, los alemanes al estudiar la posibilidad de invadir Suiza durante la segunda Guerra Mundial desecharon la posibilidad al saber de los explosivos y estimar que el trabajo para reconstruir todas las infraestructuras suizas requeriría 30 años.
De hecho, os cuento como anécdota lo que me comenta mi amigo y os lo cuento para que lo toméis como grano de sal pese a mi absoluta confianza en su relato. En el interior de varias montañas de los Alpes se encontrarían dos hospitales con cabida de hasta 300.000 personas y bases áereas militares actualizadas y en perfecto estado. Carvadas en los Alpes, uno de los campamentos de guerra más formidable; digno de una película con Tom Cruise.
Como véis la que os comento aquí me parece una forma de vivir la democracia que me resulta, al menos a mí, prácticamente inaudita. Es por ello que os quiero hacer partícipes de esta historia o de lo que me parece una contribución a ver que otro tipo de democracia existe.


