La ley en los mundos virtuales. Dos casos
Voy a hacer referencia a dos casos de un libro recientemente publicado con licencia CC. Se trata de ‘Virtual Justice. The New Laws of Online Worlds’ de Greg Lastowka. Pese a que en España no tenemos casos similares, dos de los ejemplos que menciona creo que son útiles para repensar la relación entre los mundos virtuales (MVs) y las normas.
De hecho, una de las características de los MVs es que el código deviene norma, las posibilidades de acción vienen dadas por la programación. Por otro lado se encuentran los términos y condiciones para acceder al servicio: dichas normas tienen como finalidad más bien la protección de la empresa creadora del MV que la resolución de posibles litigios entre sus participantes. Dichos términos y condiciones suelen otorgarle al creador del juego un poder exorbitante representado en su capacidad de impedir el acceso al MV al usuario y castigarle con la desaparición de su avatar y sus bienes adquiridos.
El caso es que en los MVs se mueven ya millones de Euros en forma de adquisición y venta de bienes virtuales. Algunas compañías basan su modelo de negocio en conseguir espadas, elixires, y otro tipo de herramientas para usuarios online a cambio de un precio real. Hablamos pues de toda una economía real alrededor de los MVs donde robos, hurtos y otro tipo de acciones conllevan un perjuicio real sobre el patrimonio de las personas que, mediante avatares, los pueblan.
Primer caso: En los mundos virtuales nada te pertenece
El primer caso que quería comentar, se refiere a uno de los MVs más conocidos: SecondLife. SecondLife posee dentro su plataforma no sólo discotecas, tiendas, o parques sino también promotoras que venden propiedades sujetos a las normas del MV. Es decir, existe todo un tráfico jurídico de terrenos establecido y promovido por Linden Labs, la empresa detrás de este MV, con el que genera importantes ingresos. El caso al que se refiere Lastowka es el de Marc Bragg, un usuario del MV de Linden Labs, que había adquirido un terreno en Second Life. Un buen día Marc Bragg se da cuenta de que no podía acceder a su cuenta. Ni corto ni perezoso lleva a juicio a Linden Labs. La responsable de Second Life le había cortado el acceso al MV al entender que el usuario había adquirido unos terrenos de forma ilícita y decide excluirlo del MV, de acuerdo con las prerrogativas que le ofrecen los términos y condiciones del juego. Bragg, por su lado, pide ser indemnizado por las cantidades desembolsadas en la adquisición del terreno virtual.
Para Linden Labs, que obtiene buena parte de sus ingresos precisamente mediante sus transacciones con terreno virtual, el terreno que Marc Bragg había comprado no puede ser definido como ‘propiedad’, como algo que pertenezca realmente a una persona. El terreno que los usuarios adquieren lo definen como un ‘servicio’ ofrecido por Linden Labs y como tal podía ser ‘expropiado’, o, según su argumentación, cancelado, a libre discreción de la empresa. Así se expresan sus términos y condiciones de la licencia de usuario que los usuarios aceptan, de forma consciente o no, al crear su cuenta en SecondLife.
Es decir, una empresa ofrece un servicio premium o de pago a un usuario y luego le cancela arbitrariamente su cuenta sin derecho a reembolso alguno. Lo que parece claro es que LindenLabs posee un poder despótico dentro de su MV y, pese a recibir dinero por la adquisición de terrenos, éstos pueden ser revocados unilateralmente a su libre albedrío. Al subsumir el terreno bajo una forma de servicio y no de propiedad, la potestad queda del lado del prestador del servicio que mantiene todas sus prerrogativas, y no del supuesto propietario que tendría un derecho legítimo in rem.
Como suele ser habitual, Bragg, abogado, no leyó los términos de servicio. Dichos términos poseerían un escaso carácter vinculante según determinó el juez, algo típico en este tipo de contratos de adhesión en los que el consentimiento del usuario viene dado sin poder alguno sobre las condiciones. En este tipo de casos ésta es una de las misiones del tribunal: impedir la exigibilidad de cláusulas que resulten abusivas.
Como confirmó el juez del caso, se trataba de una disputa real sobre bienes virtuales. Es decir, los bienes virtuales pueden poseer relevancia en el mundo real y en el tráfico jurídico. Finalmente las partes, antes de que hubiese una sentencia definitiva, llegaron a un acuerdo privado con lo que se nos privó de una resolución del caso donde se llevase a cabo una delimitación del concepto de propiedad aplicado a los MVs.
El caso es que con el estado actual de cosas parece que los proveedores del servicio de los MVs siguen teniendo la prerrogativa de decidir el régimen aplicable a los terrenos y objetos con que se comercia en sus MVs y se convierten así en auténticos señores feudales de sus plataformas en las que simplemente ceden sus terrenos pudiendo, en cualquier momento, revocar su decisión.
Segundo caso: Los sables virtuales se convierten es cuchillos reales
El segundo caso es el de Qiu Chengwei, un usuario chino del juego Legend of Mir, un juego de fantasía al estilo de Ultima Online. Pues bien, Qiu obtuvo el ‘Sable Dragón’, un valioso objeto dentro del MV, después de arduas batallas y muchas horas invertidas jugando. Como suele ocurrir, este tipo de objetos poseen un valor real y se suelen intercambiar en mercados paralelos al juego. El objeto en cuestión poseía un valor de unos 1000 $, una cantidad más que respetable en China. Un amigo de Qiu, Zhu, le pide el sable y éste se lo presta. Para su desgracia, Zhu no sólo no se lo devuelve sino que lo vende sin su permiso.
Pues bien, ¿cuál es el siguiente paso que cualquiera de nosotros llevaría a cabo si le sustrajesen un bien? Efectivamente, Qiu se dirige a la policía. Ya os podéis imaginar la reacción de la policía ante la denuncia de Qiu: “me han robado el Sable Dragón”… La policía se lo toma, pues, como un juego sin ningún valor real. Ante esta situación Qiu decide tomarse la justicia por su mano y apuñala a Zhu. Se entrega a la policía y es posteriormente condenado a sentencia de muerte, aunque finalmente no se ejecuta debido a su arrepentimiento.
Moraleja: desde que un componente monetario entra en los juegos su naturaleza, las relaciones sobre las que se basa, se transforma, o, como decía Quevedo, ‘poderoso caballero don dinero’.

